¿Rentable y sostenible?

Partiendo de la idea de que, como todo, dependerá de a quién pregunten la respuesta puede diferir. Incluso, podrá argumentarse una razón o la contraria. Intentaré dar mi visión, que no la verdad absoluta, sobre los argumentos favorables o menos favorables de la inversión sostenible.

Actualmente, toda Gestora que se precie necesita poner a disposición de sus partícipes fondos de inversión sostenibles. Sabemos que el aspecto psicológico influye sobremanera en la decisión de dónde y cómo invertir. Aspecto éste al que podremos dedicar capítulo aparte, sin ser el que nos ocupa ahora. Vengo a mencionarlo porque considerar que nuestra inversión, al tiempo que rentable, sea beneficiosa para el mundo que nos rodea suena bien, y quizá hasta nos anime a hacerlo.

Estos fondos siguen criterios ASG (Ambientales, Sociales y de buen Gobierno corporativo), aspectos que aportan un valor añadido en la imagen que el inversor percibe de su vehículo de inversión. Eso sí, no por ello se asumirá que la aportación pueda suponer un menoscabo en el rendimiento a percibir. Ahí es donde se ha de cuestionar la fortaleza de este tipo de inversiones.

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Fuente: Funds Society

Cuando consideramos la bondad de un fondo de inversión no podemos valorar únicamente la rentabilidad pasada que nos aporta. Habremos de considerar su volatilidad, previsiones del sector, el mercado donde se posiciona, y una serie de aspectos técnicos y fundamentales para tomar, o intentar hacerlo, una decisión acertada.

Así, sin dejar de lado el aspecto ético que bien representan estas inversiones, centrándonos en aspectos meramente financieros podemos mencionar ciertas particularidades muy a valorar. Porque sabemos que los escándalos o rumorologías hacen mella y de qué manera en la cotización de los activos. Estando posicionados con criterios ASG puede que mitiguemos este riesgo de manera significativa.

Por otro lado, hemos de considerar las necesidades futuras que el planeta que habitamos presenta. Existen detalles que no se pueden obviar, como el envejecimiento de la población y el aumento de problemas medioambientales. De tal forma que, esas necesidades futuras pueden convertirse en oportunidades, posicionándonos en activos que tengan como fin satisfacerlas

Si lo anterior les parece poco consistente, consideremos el efecto que la demanda de un bien, producto o servicio, tiene sobre el precio del mismo. Es decir, ante el evidente aumento que este tipo de vehículos inversores está presentando, su precio está viéndose favorecido.

Pero oiga, que no es oro todo lo que reluce, porque lo expuesto quizá convence, los criterios me parecen muy a tener en cuenta. Que sí, que me puede interesar, no olvidando nunca la Gestora de turno que haya detrás y donde haya decidido poner a recaudo mi dinero. Y como esto se trata de una opinión personal, sin más trascendencia que la que el lector considere dar, y también por qué no de mojarme un poco. Pues he de decir que a día de hoy me parece una decisión razonable el dedicar parte de nuestra inversión en activos que tengan la consideración de sostenibles. Porque su carácter ético, además de que nos haga al menos sentir que aportamos nuestro granito de arena en hacer un mundo mejor, no supone un perjuicio en la consideración de aspectos financieros que aúnen los objetivos de rentabilidad y sostenibilidad

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